Por Jaime Iván Cortés Sandoval
Aquí las heridas no se cierran, mucho menos se olvidan. Se cicatrizan
con el tiempo, se convierten en motor, se esconden por el camino y se
presumen tras la victoria. Portugal cobró su cicatriz a costa de una poderosa Francia,
retando a la historia, jugando contra los pronósticos y perpetrando la
localía. La escuadra que no ganó más que un encuentro en tiempo regular
se va a casa como Monarca de Europa.
Gol solitario de Eder, celebración compartida por toda una nación.
Saint-Denis rugió con la Marsellesa, las gradas vibraron con un lleno
esperado, los aficionados se sacudieron las polillas y la alfombra
verde presenció el silbatazo inicial. Francia fue la Francia de los
primeros minutos, el vendaval blue del inicio fue el de toda la justa
europea, los intentos fueron locales, pero la definición siguió sin
aparecer.
Griezmann hizo a Rui Patricio figura con un cabezazo ceñido. El remate de Antoine
y la mano salvadora del Lusitano prometían un encuentro inclinado;
constantes ataques del local que probarían la solides portuguesa. Nada
estaba escrito.
Los locales, como en todos sus partidos, se fueron diluyendo. Cuando
las fuerzas entre ambas escuadras se igualaban, ocurrió una tragedia. Cristiano Ronaldo cayó; una falta cometida por Payet
fulminó la rodilla del astro portugués. El ídolo madridista salió entre
lágrimas por un vendaje. El siete regresaría al campo de juego sólo
para conocer su destino; despedirse de su cita con la historia sin
siquiera haber luchado. Entregar el gafete de capitán antes de los
primeros treinta minutos. Las estrellas parecían alinearse a favor de
los dirigidos por Didier Deschamps, pero el reloj caminaba y el marcador era una estampa.
Las emociones se contuvieron en la estrategia y la fuerza. Los minutos pasaron y el telón del primer tiempo cayó.
En el complemento Francia fue más vistoso, pero las emociones provenían de los portugueses. Los cambios le hicieron bien al encuentro. La entrada de Coman y Gignac afilaron el ataque blue. Los escarlatas vieron como el ingreso de Eder acomodó su pizarrón.
El 10 de Tigres estuvo a nada de entregarle a su selección la corona europea, cuando en la propina del segundo tiempo dentro del área de Rui Costa
enredó el balón entre sus botines, disparó raso, superando al
cancerbero portugués, pero la base del poste izquierdo le negó un
capítulo en la leyenda francesa.
Llegaron los tiempos extra
Si la justicia existe, jugó sólo de un lado. Portugal
vivió las dos caras de la moneda. Vio a su héroe ahogado en
sentimientos, con una polilla en la cara como un signo inequívoco del
deterioro de su figura. Vio a Cristiano caminar hacia la banca, rengueando, llorando como un niño. Ochenta minutos más tarde, una mano de Eder que fue endosada a Koscienly le concedió un tiro libre a los portugueses. El cobro de Guerreiro
que se estampo en el larguero de la meta francesa, fue la señal del
cambio. La suerte que acompañó a los lusitanos aparecía de nuevo en un
empaque menos brillante, más digno.
Un minuto más tarde lució un llanero solitario. Eder, solo con el balón fuera del área gala, disparó. Un potente balón que sorprendió a Lloris silenció a toda la afición local. Gol de Eder. Júbilo en la banca de Fernando Santos. Júbilo en la banca de Cristiano Ronaldo.
Los doce minutos restantes siguieron sin contratiempos. Francia siguió intentando sin fortuna. Portugal nunca renunció al ataque.
Se cumplió la profecía; cada doce años una selección estrena una estrella en la Eurocopa. Portugal
se proclama por primera vez en su historia campeón del viejo
continente. La venganza lusitana del 2004 llegó de la manera menos
esperada; sin Cristiano, sin victorias y sin reproches.
0 comentarios:
Publicar un comentario